crece la hiedra
con el compás nocturno
de la lluvia en un cuadrante
ataviado de rojo
los pensamientos se demoran
en un brote de ortiga
en el sonido de la luna abriéndose
como una flor de insomnio
entre los témpanos
de un poema de niebla
los motivos de los mares
las caricias de sus huesos
ciegan la oscuridad de mi sombra
corro por atajos
de versos caídos en la carne
una mujer y una palabra
se rondan y se acercan
en el tiempo del impacto
cuando florece repentino
un dialecto en una jaula.